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Presno
Rivas
Rossi
José M. Licha

Las parras regaladas...

Dos personajes muy conocidos en Melo, ya lamentablemente "en viaje", pero que dejaron su huella en el pueblo, conocidos y apreciados por todos y cada uno de los que tuvimos el gusto de tratarlos personalmente.

De ellos justamente, trata esta breve narración, que hoy me ocupa.

Menchaca, así nomás.....el era conocido por Menchaca, como era desconocida su ocupación (antes se vivía con muy poco, especialmente en estos "pueblos chicos, cerca de la frontera y donde todos te conocen y en cualquier boliche te fían"), y el Gringo Chírico, vendedor de árboles en la época de plantarlos (limoneros, naranjos, durazneros, parras, y todo lo que pudiera conseguir y diera para revender) y también mudas de tomates, morrones y cebollines.

Los dos, muy diferentes en su esencia, pero iguales en sus dotes de "buena gente" y con aficiones compartidas (los amigos, "el boliche" y la "blanquita"), para matar las horas de ocio y recoger y transmitir las novedades del día a día.

Y fue justamente en una de esas tertulias, que el Gringo dijo:

--"Mire che Menchaca....me sobraron una media docena de parras y es un crimen que se pase la época y queden sin plantar....si usté quiere las pasa a buscar que yo se las regalo. Le garanto que dentro de un par de años, si las cuida bien, tiene uva hasta pa hacer vino".

--"Comonó?-contestó Menchaca-mañana paso por allí , por 25 y las levanto".

Y así fue, levantó las parras y temporalmente todo quedó en eso.

A los 6 o 7 meses, se encuentran nuevamente en un "expendio de bebidas", y después de un par de copas, el Gringo Chírico, resuelve manifestar su interés por el desarrollo de sus parras:

--"Che Menchaca....nunca le pregunté.....las parras....prendieron??",(quería decir si habían brotado).

--"Comonó!!!!!....prendieron bien......En la estufa".

A esta contestación de Menchaca siguieron epítetos irrepetibles de parte del Gringo, junto con la solemne promesa de no regalarle nunca más ni una mata de pasto. Pero "La Caña", la siguieron tomando juntos, hasta que uno de los dos, no importa cual, viajó primero.

Nelcio Gomez

Dedicado a mi amigo Diego Gómez, ya que los protagonistas son su abuelo y su padre.

 

Nelcio Gómez, de quien ya narré una anécdota, tuvo dos hijos varones con Emilia Antúnez, estos eran Modesto y Alberto. Por lo que he recogido, el tenía una gran afinidad con el primero de los nombrados, haciéndolo participar desde muy pequeño, de sus pesquerías y tertulias bolicheras.

El Teto (así se lo conoce a Modesto en el círculo de sus amigos más íntimos), dejó los pantalones cortos, y junto con ellos el consumo de naranjita Tacuarí, por los pantalones largos....y por supuesto, la orden en los boliches era:

--"Indio.....servinos a los dos".

Gran compañero del padre, en alguna de las "tenidas ", el Indio solía preguntarle si cuando el faltara, el Teto le iba a llevar flores a su casita de los cipreses. Ante la respuesta afirmativa, el Indio le contestaba:

--"Mirá....mandá otra vuelta de caña, y dejá quieto....no lleves nada.....y vamo a tomarnos la plata de las flores".

Efectivamente......el Teto nunca ha llevado flores, respetando la voluntad de su padre. Así eran de compinches....

Modesto se casó, y allá por la década de los 70, su esposa Ruth, viajaba a Río Branco, donde dictaba clases de música en el Liceo local.

Padre e hijo, compartían entonces el almuerzo, que por supuesto subsidiaba Modesto. Un mediodía, llega éste de la oficina, y vino la pregunta de rigor:

--"Indio.....que hicistes hoy para almorzar?".

Nelcio, ni lerdo ni perezoso, contestó al instante:

--"Y que le calculás?.......me dejastes dos papas, una zanahoria, un pedazo de "osobuco" y cuarto kilo de "mostacholes"......TE HICE RAVIOLES CON POLLO ...INDIO!!!!!!!!!!!!".

Modesto se sentó a la mesa, y calladito la boca, se mandó a "bodega" dos bien servidos platos de ensopado, preparados por la mano maestra del Indio.

José M. Licha