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La hora.

Tómame ahora que aún es temprano
Y que llevo dalias nuevas en la mano.
Tómame ahora que aún es sombría
Esta taciturna cabellera mía.
Ahora, que tengo la carne olorosa.
Y los ojos limpios y la piel de rosa.
Ahora que calza mi planta ligera

La sandalia viva de la primavera.
Ahora, que en mis labios repica la risa
Como una campana sacudida a prisa.
Después...¡ah, yo sé
Que ya nada de eso más tarde tendré!

Con una sola flor desesperada.

Lo quiero con la sangre, con el hueso,
Con el ojo que mira y el aliento,
Con la frente que inclina el pensamiento,
Con este corazón caliente y preso.
Y con el sueño fatalmente obseso

De este amor que me copa el pensamiento,
Desde la breve risa hasta el lamento,
Desde la herida bruja hasta su beso.
Mi vida es de su vida tributaria...

Depende de él como del leño duro
La orquídea, o cual la hiedra sobre el muro,
Qué sólo en él respira levantada.

Voluntad.

Yo bailaré sobre la alfombra roja del crespúsculo
Porque el corazón me sangra y la danza es un óleo.
Toda la tarde alisé un madero de esperanza
Para que fuera la proa
De un avión o una nave de triunfo.
Pero me lo llevaron las olas que mueren en el alba.

Tengo las manos vacías para la noche
Y el coro victorioso de las estrellas
Ha de encontrarme callada.
Pero yo bailaré sobre mi corazón herido
Y los astros sólo sorprenderán en mi rostro
Un gesto de bienaventuranza

Las lenguas de diamante.

Bajo la luna llena, que es una oblea de cobre,
vagamos taciturnos en un éxtasis vago
como sombras delgadas que se deslizan sobre
las arenas de bronce de la orilla del lago.

Silencio en nuestros labios una rosa ha florido
Oh, si a mi amante vencen tentaciones del hablar!,
la corola, deshecha, como un pájaro herido,
caera, rompiendo el suave misterio sublunar.

Oh, dioses, que no hable! Con la venda mas fuerte
que tengáis en las manos, su acento sofocad!
Y si es preciso, el manto de piedra de la muerte
para formar la venda de su boca, rasgad!

Yo no quiero que hable. Yo no quiero que hable.
Sobre el silencio este, que ofensa la palabra!
Oh lengua de ceniza! Oh lengua miserable,
no intentes que ahora el sello de mis labios se abra!

Bajo la luna-cobre, taciturnos amantes,
con los ojos gimamos, con los ojos hablemos.
Serán nuestras pupilas dos lenguas de diamantes
movidas por la magia de diálogos supremos.

La pequeña llama.

Yo siento por la luz un amor de salvaje
Cada pequeña llama me encanta y sobrecoge
No será, cada lumbre, un cáliz que recoge
el calor de las almas que pasan en su viaje?

Hay unas pequeñitas, azules, temblorosas,
lo mismo que las almas taciturnas y buenas.
Hay otras casi blancas: fulgores de azucenas.
Hay otras casi rojas: espíritu de rosas.

Yo respeto y adoro la luz como si fuera
una cosa que vive, que siente, que medita,
un ser que nos contempla transformado en hoguera.

Así, cuando yo muera, he de ser a tu lado
una pequeña llama de dulzura infinita
para tus largas noches de amante desolado.

Lo que soy para ti.

Cierva,
Que come en tus manos la olorosa hierba.
Can,
Que sigue tus pasos doquiera que van.
Estrella,
Para ti doblada de sol y centella.
Fuente,
Que a tus pies ondula como una serpiente.
Flor,
Que para ti solo da mieles y olor.

Todo eso yo soy para ti,
mi alma en todas sus formas te di,
Cierva y can, astro y flor,
Agua viva que glisa a tus pies,
Mi alma es
Para ti,
Amos.

Bajo la lluvia.

Como resbala el agua por mi espalda!
Como moja mi falda
Y pone mis mejillas su frescura de nieve!
Llueve, llueve, llueve.

Y voy senda adelante.
Con el alma ligera y la cara radiante,
sin sentir, sin soñar,
Llena de voluptuosidad de no pensar.

Un pájaro se baña
En una charca turbia. Mi presencia le extraña,
Se detiene...Me mira...Nos sentimos amigos...
Los dos amamos mucho cielos, campos y trigos!

Después es el asombro
De un labriego que pasa con su azada en el hombro,
Y la lluvia me cubre
De todas las fragancias que a los setos da Octubre

Y es sobre mi cuerpo por el agua empapado,
Como un maravilloso y estupendo tocado
De gotas cristalinas, de flores deshojadas
Que vuelcan a mi paso las plantas asombradas

Y siento, en la vacuidad
Del cerebro sin sueños, la voluptuosidad
Del placer infinito, dulce y desconocido,
De un mínimo de olvido.

Llueve, llueve, llueve
Y tengo el alma y carne, como un frescor de nieve.

La invitación.

Si vieras que cama tan suave es el pasto
Cuando recién nace, verde claro y húmedo!...
Parece que uno durmiera entre panas.
El plumón del bosque se me antoja el musgo.

Y tanto como hace que en el no me acuesto
Vamos este año, por Enero, al campo?
Se vuelve uno triste siempre en las ciudades,
Donde hasta mas serios parecen los pájaros.

Y yo que estoy siempre pálida y callada
Ya veras entonces si me pongo loca!
Tu no me conoces como soy de alegre,
De rosada y ágil en las selvas solas.

Quererse en el campo de cara a los cielos,
Ah tampoco sabes lo bueno que es eso!
Es como beberse la vida en un sorbo
Tan fuerte y tan hondo, que a veces de miedo.

Decídete, vamos. Al tornar, la casa
Ha de parecernos mas clara y mas nueva,
Porque volveremos sanos y optimistas
Como una pareja de amantes de aldea

Rebelde

Caronte: yo sere un escandalo en tu barca
mientras las otras sombras recen, giman, o lloren
y bajo tus miradas de siniestro patriarca
las timidas y tristes, en bajo acento, oren.

Yo ire como una alondra cantando por el rio
y llevare a tu barca mi perfume salvaje
e irradiare en las ondas del arroyo sombrio
como una azul linterna que alumbrara en el viaje.

Por mas que tu no quieras, por mas guiños siniestros
que me hagan tus dos ojos, en el terror maestros,
Caronte, yo en tu barca sere como un escandalo
y extenuada de sombra, de valor y de frio,
cuando quieras dejarme a la orilla del rio
me bajaran tus brazos cual conquista de vandalo.

Implacable

Y te di el olor
de todas mis dalias y nardos en flor.

Y te di el tesoro
de las hondas minas de mis sueños de oro.

Y te di la miel
del panal moreno que finge mi piel.

Y todo te di!
Y como una fuente generosa y viva para tu alma fui.

Y tu, dios de piedra
entre cuyas manos ni la yedra medra;

Y tu, dios de hierro
ante cuyas plantas vele como un perro.

Desdeñaste el oro, la miel y el olor
Y ahora retornas, mendigo de amor!

A buscar las dalias, a implorar el oro,
a pedir de nuevo todo aquel tesoro!

Oye, pordiosero:
ahora que tu quieres es que yo no quiero.

Si el rosal florece,
es ya para otro que en capullos crece.

Vete, dios de piedra,
sin fuentes, sin dalias, sin mieles, sin yedra.

Igual que una estatua,
a quien Dios bajara del plinto, por fatua.

Vete, dios de hierro,
que junto a otras plantas se tendido el perro!.

Sueño?

Beso que ha mordido mi carne y mi boca
con su mordedura que hasta el alma toca!
Beso que me sorbe lentamente vida
como una incurable y ardorosa herida!

Fuego que me quema sin mostrar la llama
y que a todas horas por mas fuego clama!
Fue una boca bruja o un labio hechizado
el que con su beso mi alma ha llagado?

Fue en sueño o vigilia que hasta mi llego
el que entre sus labios mi alma estrujo?
Calzare sandalias de bronce e ire.

A donde este el mago que cura me de.
Secadme esta llaga, vendadme esta herida
que por ella en fuga se me va la vida!

Te doy mi alma

Te doy mi alma desnuda,
como estatua a la cual ningun cendal escuda.

Desnuda como el puro impudor
de un fruto, de una estrella o una flor;

de todas esas cosas que tienen la infinita
serenidad de Eva antes de ser maldita.

De todas esas cosas,
frutos, astros, rosas,

que no sienten verguenza del sexo sin celajes
y a quienes nadie osara fabricarles ropajes.

Sin velos como el cuerpo de una diosa serena
que tuviera una intensa blancura de azucena!

Desnuda, y toda abierta de par en par
por el ansia de amar!

Vida-garfio

Amante: no me lleves, si muero, al camposanto
A flor de tierra abre mi fosa, junto al riente
alboroto divino de alguna pajarera
o junto a la encantada charla de alguna fuente.

A flor de tierra, amante. Casi sobre la tierra
donde el sol me caliente los huesos, y mis ojos,
alargados en tallos, suban a ver de nuevo
la lampara salvaje de los ocasos rojos.

A flor de tierra, amante. Que el transito asi sea
mas breve. Yo presiento
la lucha de mi carne por volver hacia arriba,
por sentir en sus atomos la frescura del viento.

Yo se que acaso nunca alla abajo mis manos
podran estarse quietas,
que siempre como topos arañaran la tierra
en medio de las sombras estrujadas y prietas.

Arrojame semillas. Yo quiero que se enraicen
en la greda amarilla de mis huesos menguados.
Por la parda escalera de las raices vivas
yo subire a mirarte en los lirios morados!

El dulce milagro


Que es esto? Prodigio! Mis manos florecen.
Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen.
Mi amante besome las manos y en ellas
oh, gracia!, brotaron rosas como estrellas.

Y voy por la senda voceando el encanto
y de dicha alterno sonrisa con llanto
y bajo el milagro de mi encantamiento
se aroman de rosas las alas del viento.

Y murmura al verme la gente que pasa:
- No veis que esta loca? Tornadla a su casa.
Dice que en las manos le han nacido rosas
y las va agitando como mariposas!

Ah, pobre la gente que nunca comprende
un milagro de estos y que solo entiende
que no nacen rosas mas que en los rosales
y que no hay mas trigo que el de los trigales!

Que requiere lineas y color y forma
y que solo admite realidad por norma
que cuando uno dice: "Voy con la dulzura!,
de inmediato buscan a la criatura.

Que me digan loca, que en celda me encierren,
que con siete llaves la puerta me cierren,
que junto a la puerta pongan un lebrel,
carcelero rudo, carcelero fiel.

Cantare lo mismo: - Mis manos florecen,
rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen.
Y toda mi celda tendra la fragancia
de un inmenso ramo de rosas de Francia!

Ofrenda

Cuido mi cuerpo moreno
como a un suntuoso marfil
Cuido mi cuerpo moreno
para que de gracia lleno
sea del pie hasta el perfil.

Copa con vino de vida,
vaso con miel de pasion.
Copa con vino de vida,
y un ascua viva encendida
en lugar del corazon!

Oh, mi amante, te lo ofrendo
como un regalo de amor!
Oh, mi amante, te lo ofrendo
en el engarce estupendo
de mi chal multicolor!

Sangre-fuego, carne-cera,
olor a sol y a panal.
Sangre-fuego, carne-cera...
Te lo doy como si fuera
un raro bronce oriental!

La cita

Me he ceñido toda con un manto negro.
Estoy toda palida, la mirada extatica.
Y en los ojos tengo partida una estrella.
Dos triangulos rojos en mi faz hieratica!

Ya ves que no luzco siquiera una joya,
ni un lazo rosado, ni un ramo de dalias.
Y hasta me he quitado las hebillas ricas
de las correhuelas de mis dos sandalias.

Mas soy esta noche, sin oros ni sedas,
esbelta y morena como un lirio vivo.
Y estoy toda ungida de esencias de nardos,
y soy toda suave bajo el manto esquivo.

Y en mi boca palida florece ya el tremulo
clavel de mi beso que aguarda tu boca.
Y a mis manos largas se enrosca el deseo
como una invisible serpentina loca.

Desciñeme, amante! Desciñeme, amante!
Bajo tu mirada surgire como una
estatua vibrante sobre un plinto negro
hasta el que se arrastra, como un can, la luna.

La higuera

Porque es aspera y fea;
porque todas sus ramas son grises,
yo le tengo piedad a la higuera.

En mi quinta hay cien arboles bellos:
ciruelos redondos,
limoneros rectos
y naranjos de brotes lustrosos.

En las primaveras,
todos ellos se cubren de flores
en torno de la higuera.

Y la pobre parece tan triste
con sus gajos torcidos que nunca
de apretados capullos se visten...

Por eso,
cada vez que yo paso a su lado
digo, procurando
hacer dulce y alegre mi acento:
- Es la higuera el mas bello
de los arboles todos del huerto.

Si ella escucha,
si comprende el idioma en que hablo,
Que dulzura tan honda hara nido
en su alma sensible de arbol!

Y tal vez, a la noche,
cuando el viento abanique su copa,
embriagada de gozo le cuente:
- Hoy a mi me dijeron hermosa.